Tierra mía

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Pintura de Marcos Beccari

No se tierra mía como es que dedico más tiempo a las grises paredes y a las luces artificiales que a los árboles, al aire o al sol, no sé porque me pierdo frente a una pantalla que ofrece no más que ilusión y dejo a un lado el verde césped que crece en los parques o el perfume distinto y fresco de las flores, no sé porque me alejo de tus suaves caricias y el misterio que se aun guardas para solo aquellos que han comprendió que la vida no se rige de riquezas o poder.

Tierra mía, extraño tus ríos, su sonido y su maravillosa habilidad de fluir, extraño admirarme de tus montañas imponentes llenas de vida, tan libres de la mediocre sociedad, extraño también escuchar el canto de los pájaros por la mañana y verlos volar de arriba  abajo, solos, acompañados, sin rumbo, viviendo…

Tierra mía, se tan poco de ti, pues mi pueblo me hablo solo mentiras, y no me enseñó a amarte ni a respetarte, y me duele que la enseñanza siga siendo la misma para tus nuevas generaciones, estamos corrompidos, y cada vez somos menos humanos, tierra nuestra, no nos perdones.

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He visto mil fotos tuyas, y ninguna ha podido cautivar tu esencia, los segundos qué me dedicas, tus miradas discretas entre la línea delgada del cristal y la sonrisa que viene detrás cuando eres descubierta. Tu cabello desordenado y tú escote perfecto que me invita a probar cada vez un poco más de tu presencia. Tu falta de realidad y exceso de pensamiento, tu mirada, tu mirada acompañada de esa sonrisa, un rayo necesario de luz tan distinta. Tu manera de vestir y como en mis fantasías te desnudo, y tú suspirando por primera vez en tu vida, solo volteas la cara para cubrir con tus manos y tú despeinado cabello aquella sonrisa que prohíbes tan constantemente, tu miedo a expresar lo que el corazón dicta. Tu, mi musa, tan fugaz, tan casi perfecta, tan hermosa, tan tu.

La ultima de mis historias – Parte 1

d05f8e7438a28f7011756991a2ca1640Cualquiera daría la vuelta y saldría por la puerta, pero yo jamás fui así, yo disfrutaba de los ataques directos al corazón, la emoción de un amor eterno con fecha de caducidad, aunque no puedo negar que eso me fue debilitando, fue quebrando mi esperanza de encontrar eso que no sé qué es y ahora dudo algún día poder encontrar.

No olvido que solía disfrutar demasiado la compañía de mujeres que estuvieran dispuestas a no dormir, no importaba cual fuera el fin, platicar, tomar, reír o llorar, enserio, no me importaba, aunque confieso que con casi todas compartí una noche cuando mucho. Cada una tenía algo en común, necesitaban a alguien, y ese alguien no era yo, por lo que se perdía todo al amanecer y el momento se disolvía entre los primeros rayos de sol que entraban por la ventana de mi cuarto; un cigarro, un café, un beso y un recuerdo que quedaba en el corazón, mas no en la mente.
Perdí el interés de amar, y deje para mis escritos aquellas fantasías, donde un “vivieron felices por siempre” lo resolvía todo. -“felices para siempre” ¡qué tontería!- ya no podía creer en eso, no en un mundo en el que todos creían conocer todo, no en un mundo en el que se amaba por novedad o por moda.

Carta

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Pintura de Marcos Beccari

Te imagino, te imagino con poca ropa, aunque no me importaría imaginarte con tu atuendo casual, esos shorts pequeños que muestran tus largas piernas y tus pechos libres cubiertos solo por esa blusa blanca de tirantes que te hace ver perfecta. Te imagino sonriendo, llenándome de pequeños besos que son como destellos de energía, te imagino con esa mirada tan tuya llena de emoción, tan llena de ternura que me hace no perder esta sonrisa. Te imagino, te imagino con poca ropa, aunque no me importaría imaginarte sin ella, tan radiante, con el mapa de tantas constelaciones de los pequeños lunares adornando tu piel, y esa pequeña luna solitaria justo en tu pecho izquierdo. Te imagino recostada sobre mi pecho como aquella vez en que jugamos a ganarle al tiempo, y el camino de regreso a casa fue un sinfín de despedidas, que se convirtieron en nostalgia que aun hasta el día de hoy me llenan de alegría el corazón. Te imagino, te recuerdo no a todo momento, pero si cada día!

Viento– Para ustedes

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Pintura de Marcos Beccari

No necesitaba de alguna razón, yo estaba seguro de lo que sentía y eso me mantuvo con la creencia de que desde un inicio el paraíso se había hecho solo para los dos, me olvide de todo lo que alguna vez amenazo mi mundo, y seguí adelante, caminando a su lado, con la certeza de que siempre seria así.

Solíamos pasear por las tardes, justo en el momento en que el sol estaba por ocultarse, impregnando de un hermoso tono anaranjado a las nubes que viajaban sobre nosotros, no podría explicar el sentimiento que me causaba el verla pasear junto a mí, con la mirada puesta en los árboles, en la tierra, en el cielo. Siempre disfrute los momentos en que ella se fundía con la naturaleza, incluso cuando soltaba mi mano para salir corriendo lejos, sonriendo ante la libertad que encontraba al flotar entre la brisa; me llenaba el corazón verla volar, deteniéndose para acariciar las tantas flores que ahí crecían, me llenaba verla siendo libre siendo solo ella junto al viento. La veía a lo lejos y ella me veía a mí con esa sonrisa que me invitaba a levantar el vuelo, para disfrutar del paraíso que se había hecho solo para nosotros.

Al caer la noche las estrellas nos mostraban el camino de regreso, y el viaje siempre parecía eterno, justo hasta el momento en que nos encontrábamos frente a su casa, una vez ahí ella me abrazaba fuerte y caminaba hacia atrás para no perderme de vista, lanzando besos y sonrisas hasta el momento en que desaparecía tras la puerta.

Yo sonreía y rescataba del aire aquellos besos que aún quedaban suspendidos en el aire a través del camino, me gustaba imaginar que pronto no tendríamos la necesidad de separarnos, y buscaba en el cielo cualquier estrella que estuviera dispuesta a concederme quizá el deseo más grande de toda mi vida,  caminaba despacio disfrutando del viento, el mismo que hacía que ella fuera tan feliz, el mismo que en un futuro habría de ser testigo del amor tan grande que sentía por ella, el mismo que me acompañaba siempre que por pensar en ella prefería no dormir.

Distancia – Para ustedes

 

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Por un tiempo nos fue imposible vernos, y las opciones se reducían cada vez más, limitándonos a pláticas sencillas y de poca duración a través del teléfono, fue difícil, pero jamás deje de esperar con ansia un mensaje suyo, ni deje de alegrarme al recibir alguno. “Te quiero”, me dijo por primera vez a través de un mensaje, y la distancia  que nos separaba en ese momento se esfumo, la sentí tan cerca que casi pude saciar mis ganas de abrazarla, me deje caer sobre la cama y volé, volé alto, dejando atrás el miedo que hasta ese día había guardado en mi corazón.

Desperté ilusionado, con la esperanza de que la distancia desapareciera de la misma manera en que aquel “Te quiero” había hecho desaparecer los miedos que me habían cegado tiempo atrás, desperté y vi todo de una manera diferente, mágica, casi perfecta, mostrándome cada amanecer un rayo de luz distinto, donde el tiempo y la distancia me hicieron quererla y extrañarla cada vez más.

Las noches sin su sonrisa al principio fueron imposibles, pero aprendí a admirarla con paciencia en los momentos en que lográbamos estar juntos, tomando con mis manos la fotografía perfecta, grabando en mi mente cada uno de sus lunares, sus ojos eternos, y su perfecta sonrisa, que me entregaba la inspiración y la calma que me hacían ver una luz distinta en cada despertar.

Tiempo, cigarros y café – Para ustedes

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Este no era un sentir diferente, en el pasado de igual manera mi corazón había estallado al encontrase frente a las mujeres que llegue a considerar perfectas, pero que con el tiempo su luz se volvía opaca y todo se perdía en una rutina sin sabor. Conocía el camino, o creía conocerlo, y me llene de tristeza al imaginar que correríamos con la misma suerte, viéndonos caer, sin poder… sin querer hacer algo para salvarnos.

El tiempo pasaba y contra mis miedos decidí seguir adelante, dándome la oportunidad por primera vez de confiar en mi mismo y en el cariño que hasta el momento tenia hacia ella. La invite a seguir descubriendo pequeños detalles y  acepto de inmediato, sin terminar de escuchar lo que tenia que decir, sin enterarse de todo lo que había detrás de mi sonrisa nerviosa; entonces la abrace, y ella mordió mi brazo y comenzó a reír, sanando después con pequeños besos su arrebato de locura robándose cada palabra de mi boca, dejando solo en mi una sonrisa y la sensación de tranquilidad que tanto buscaba desde hacia mucho tiempo.

Ella disfrutaba cada cigarrillo, cada taza de café, sin temor al tiempo cerraba sus ojos un momento y sonreía, me miraba y sus ojos se iluminaban al mismo tiempo que mi corazón se veía encendido por una llama que juraba ser eterna. Me gustaba perderme en los pequeños lunares que tenia en su cuello, me gustaba embriagarme con su voz mientras me contaba sobre el universo, me gustaban tomar su mano y simular el humo del cigarro con suaves movimientos, me gustaba ella y el tiempo que pasábamos juntos disfrutando de los pequeños detalles.

El arte en el abandono

Qué manera tan hermosa de perderte,
creyendo yo, que conmigo serias feliz,
lo nuestro se fue quedando atrás,
en la nostalgia de un nuevo amor,
y todo cayó sobre los dos, sin que pudiéramos correr,
salvar un poco de lo mucho que construimos,
y aunque traté de buscarte bajo tantos recuerdos,
simplemente acepte que te habías ido,
simplemente te llore, porque en verdad te quise,
y pensé que conmigo serias feliz,
y ante tal desastre, yo fui el único afectado,
el único que quedó atrapado,
pero fue demasiado tarde para darme cuenta,
tú ya te habías ido, tú ya me habías dejado,
pero fue hermoso, una pintura, una fotografía, una escultura,
manera tan tuya de hacerme creer que conmigo serias feliz…
manera tan hermosa de romperme el corazón.

Un beso a la vez – Para ti

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Tú me hiciste sentir nuevamente eso que no se sabe explicar, eso que llaman “mariposas en el estómago” que aunque suene tonto, considero yo que es la manera más correcta de llamar a la etapa número uno del amor, la más inocente, la que hace que un beso lo sea todo y una mirada nos destruya totalmente.

No sospeche que cada día estando junto a ti fuese a sentir ese fuerte palpitar, esa tan increíble sensación de lo perfecto viajando por mi cuerpo, haciéndome sentir ligero y completo, no sospeche, solo me deje llevar por la suave brisa de tu aliento hasta llegar al lugar correcto.

Tú me veías atenta, paciente, como quien admira el atardecer, tú me veías mientras yo trataba de no caer, de no desplomarme ante tan hermosa espectadora, ¿Cómo hubiera sabido yo lo que pensabas, lo que sentías? ¿Cómo hubiera sabido yo?… Yo solo deseaba estar junto a ti sin la preocupación de tener al tiempo como enemigo.

Fue entonces cuando el vino se terminó, te levantaste y caminaste hacia mí, recuerdo tus ojos pequeños y brillantes, tu sonrisa tímida, y tus palabras en voz bajita para que solo yo pudiera escucharlas, recuerdo como nuestras manos se encontraron y se quedaron unidas por un largo tiempo, recuerdo el palpitar de tu corazón y como casi pierdo el mío esa noche, recuerdo la sensación de tu piel al recorrerla con las yemas de mis dedos y como me abrazabas fuerte para que no me fuera.

No diste un paso seguro, tu sabias que yo te amaría desde el primer momento, tu sabias que me amarías, y que a través de los días, todo se volvería perfecto, paso a paso, desde el primer momento, desde nuestro primer beso.

Poesía muda – Para ustedes

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Apenas si el verano comenzó, todo en el jardín floreció nuevamente, así como después de años su amor por la pintura, pasaba horas pérdida, soñando, hasta que un día me vi rodeado de lienzos de todos tamaños, pinturas y pinceles, y entre manchas en el suelo y algunos lienzos masacrados la encontré a ella, con el cabello manchado y una expresión de derrota que no se pudo solucionar con nada.

Pasaron unos días y el interés se fue perdiendo, entre pretextos y compromisos, todo lo necesario para dar color a sus sueños se llenó de polvo y quedo abandonado en el cuarto de herramientas. Con temor de abrir la herida me arriesgue a preguntar, obteniendo como respuesta un gesto de fastidio que jamás había visto en ella, y jamás me espere ver.

Esa noche fuimos a cenar con sus padres y en la mesa faltaron las risas que siempre compartíamos desde que me aceptaron como parte de la familia; ella subió a su cuarto, que aún conservaba su cama y demás pertenencias, fue entonces que sus padres me cuestionaron su actitud con cierta tonalidad amenazante y no me quedo más que contarles lo sucedido, su madre sonrió y giro la cabeza hacia la sala, se levantó y me pidió que la acompañara, una vez ahí me deslumbre al ver unos cuadros de colores alegres y brillantes, nubes anaranjadas difuminadas en un claro color morado y un sol que nacía imponente tras de ellas, entonces la vi a ella en tonalidades opacas y sin maquillaje, admirando el amanecer que se encontraba frente a mí, era casi tan perfecta como tenerla frente a frente, cada detalle, sus cabellos, el brillo en sus ojos, los pequeños lunares en su cuello y su sonrisa, su maravillosa sonrisa. Su madre interrumpió la fantasía con la pequeña historia de cómo ella los había sorprendido al aprender por si misma todo lo que se debía saber, y al llevarlo a la práctica los deslumbro con la delicadeza y perfección con que marcaba las líneas y transformaba el blanco lienzo en una imagen, un poema, un sentimiento; comprendí que no era yo la fuente de su inspiración, sino la libertad que sentía al estar fuera, en algún lugar distinto que le ofreciera lo que en la ciudad ya no se puede encontrar.

Antes de marcharnos pedí a sus padres me prestaran el cuadro que la reflejaba tal cual era, el cual guarde en el auto antes de que ella pudiera verlo. Al día siguiente saque y limpie sus incontables herramientas y junto a su autorretrato los empaque de manera que ella no pudiera verlo, la convencí de salir y sin sospecharlo la lleve a un viaje sin rumbo, como aquellos días en que aun soñábamos con una vida perfecta en medio del bosque.

Detuve el carro y ella me miro sorprendida, por fin su expresión había cambiado, salió del auto y respiro profundamente, acto seguido me abrazo y la vi sonreír mientras lloraba en silencio contra mi pecho, no recuerdo cuanto tiempo paso, ni recuerdo lo mucho que hablamos, pero ese abrazo fue mágico, beso mi frente y me soltó y se dirigió hacia un gran árbol en el que se recargo para ver el atardecer. – Inténtalo nuevamente – le dije mientras ponía frente a ella el lienzo, las pinturas y el cuadro que años atrás había hecho, me miro y sonrió, de pronto todo fue silencio, pero en el lienzo blanco había nacido nuevamente una imagen, un poema, un sentimiento, ella misma.